Será que los días empiezan a pesar, que ya casi no hay ganas de nada…
El calor no ayuda, extrañar tampoco, y extrañarte menos.
Por un instante cierro los ojos y ya no estoy aquí; me voy a cualquier otro sitio. Y los días que hasta ayer corrían con prisa hoy comienzan a moverse con pasos lentos, apaciguados.
Y se escapan las ganas y se van a la playa que hay en algún lugar de mi mente. Las fuerzas se tomaron sus merecidas vacaciones, pero con un poco de anticipación…
Ya no van a volver, no hasta que estén vigorosas de vuelta.
Asique me siento y estudio, con las pocas energías que me quedan, que confesándote, por ser 18 de diciembre estamos demasiado bien.
Y si te soy sincera, sigo por vos. Por las ganas de decir, me voy a verte sin preocuparme por nada más que vos… Esa, esa es mi motivación. Saber que si todo sale bien, en poco más de un mes podríamos estar juntos, sentados a la sombra del árbol de tu patio, hablando de la vida, y disfrutando de la compañía del otro.
Y ya no sería necesario cerrar los ojos e imaginarme en un lugar diferente, por el contrario, debería abrirlos y disfrutar del paisaje, del espacio que me rodearía, y de vos, de contemplarte después de tanto tiempo, poder besarte una vez más.
A fin de cuentas, me empujan a seguir las ganas.
Las inmensas ganas que tengo de verte.
Te amo amor.
Gracias por ser mi motivación para seguir y no rendirme ante nada.
Lucía.