Te escribo hoy, cuando decido, a las 22:00hs sentarme a escribir. Si, es la hora de cenar. Una particularidad del destino estar acá y no estar allá. Fijate que loco todo… que loco.
Te extraño, y eso es lo más loco. Sabes, más loquísimo es que te ame tanto. Lógico, pero loquísimo. Sacado, fuera de sí. Muy fuera de sí, fuera de mí. ¿Fuera de ti también? Loquísimo…
Te extraño. Te necesito, y eso es fuera de serie. Sos capaz de llevarme fuera de los límites de lo que para mí era, hasta ayer, normal. ¿”NORMAL”? y si, normal, dentro de las actividades desarrolladas por mí. Hasta ayer, no planeaba enamorarme. Va, hasta hace una semana atrás. Amor a primera vista. ¿Crees en el amor a primera vista? En su defecto, ¿en el amor a primera palabra? ¿A primera sonrisa? ¿A primer roce de su respiración en tu mejilla, tu pelo, tus labios? ¡CREO! ¡SI, yo creo! ¡Creo en vos! Y en nosotros. Creo en vencer, creo en luchar, en ganar. Creo en todo ahora. Ahora, hoy, desde hace días que creo en todo. ¡Volví a creer en mí! Y sentí.
Loco. Loquísimo. Sentí. Sentí tu mirada en mi, seguida de tus palabras endulzándome los oídos desde lejos, sin hablarme a mí. Hablando al aire, penetrabas en lo más profundo de mis sentimientos. Sentí tus manos, infinitamente hermosas, suaves y cálidas, pasándome el mate. Fijate que exiguo detalle en el que me he de fijar. Tus ojos siguiendo el movimiento de mis parpados al pestañear. Sentir tus sentimientos por más desconocidos que fuesen para mí. Sentir tu miedo, tus nervios. Sentir mis nervios, mis ansias, mis deseos de mirar directamente a tus aceleradas pupilas con mis ojos impulsados por deseo, deseo puro de poseer tu corazón, tan desconocido y tan regocijante de amor demostrado en un gesto una palabra dicha o escrita. Y luego sentir tus ojos sobre los míos. Tus manos directamente en las mías, las mías sobre las tuyas. Sentir tus labios cálidos sobre los míos. Tu beso sobre mi ser. Tu amor y mi amor fusionándose de una vez y definitivamente.
Y luego te vi partir. Y reí. De felicidad, de que te ibas con un trocito de mí. De que algo tuyo se quedaba acá conmigo. Y te vi, y volví varias veces para verte partir. Por dentro destrozada y mis lagrimas ahogando mi interior. Por fuera feliz y rebosante de alegría no fingida. Alegría de verdad. Feliz de la vida, del amor. Feliz por y para vos. Porque eso produjo tu amor en mí, eso es lo que causaste en mí. Y me fui sonriendo para que no olvides que el motivo de mi felicidad extasiada es por y para vos. Por nosotros. Para fomentar este amor hermoso, mágico, inexplicable e incomparable. Podría resumirlo todo en algo cortito, fuerte y poderoso.
Te Amo.
Te Amo a ti. Hombre de mi vida, de mis deseos, de mis recuerdos más preciados. A ti, mi tesoro.
Tuya desde que me miraste por primera vez y desde que mis ojos se posaron en ti. Tuyo mi corazón desde que decidió intercambiar el lugar con el tuyo.
Lucia.
07. Julio. 2011
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